
Hand to Hand: Drawing as a Tool for Understanding Architecture — Mano a mano: El dibujo como herramienta para entender la arquitectura
Antigua Casa González Cuyar, Colegio de Arquitectos y Arquitectos Paisajistas de Puerto Rico (Puerto Rico Architects & Landscape Architects Association), Santurce, Puerto Rico August 2025 – Ongoing
“To take possession of space, to know how to see it, is the key to understanding buildings.” “Tomar posesión del espacio, saberlo ver, constituye la llave de ingreso a la comprensión de los edificios.” Bruno Zevi, Saber ver la arquitectura
This exhibition presents a selection of freehand drawings made over the past seven and a half years, since I decided to relocate from Puerto Rico to Seattle. Gathered across more than 40 notebooks, these drawings are not finished illustrations or artistic representations in the traditional sense. Rather, they are field notes: observations, ideas, construction solutions, spatial clarifications, and even doodles (though not shown here). They are a continuous record—made by hand—of how I think and observe the world.
Like many architects, I began keeping a sketchbook from my earliest days at La Nueva Escuela de Arquitectura at the Polytechnic University of Puerto Rico. What initially seemed like a good way to keep up with courses and design studios—taking notes and sketching basic solutions—has become an invaluable practice to this day. After graduating more than two decades ago, I began numbering my notebooks, and since then I have accumulated over 130. Over time, they have become a parallel log of my professional and personal life. In them, travels, projects, classes taught, conferences attended, readings, and conversations intermingle. Sometimes with order, often spontaneously.
Far from pursuing beauty of line, drawing has always been a tool for me to understand architecture, not merely to represent it. As in those first-year exercises, I continue to document structures, spaces, and situations, now from a broader perspective that recognizes we are part of a tradition.
Drawing forces me to stop, to look carefully. It allows me to register what changes, what remains, what hides behind form. Whether in an Italian piazza, on a construction scaffold, or at a Seattle street corner, the act of drawing by hand helps me think. Over time, it has become a way of translating space, of remembering what I’ve learned, and of keeping alive the relationship between hand, eye, and mind.
The drawings exhibited here do not respond to a specific commission. Instead, they are the result of a daily practice—sometimes rigorous, sometimes inevitable—that accompanies my way of being in the world. A way of making architecture away from the desk, away from the screen, and through the body. For me, drawing remains the most direct way to understand what I see. •
Esta exhibición presenta una selección de dibujos a mano alzada realizados durante los últimos siete años y medio, desde que decidí relocalizarme fuera de Puerto Rico a la ciudad de Seattle. Reunidos en más de 40 libretas, estos dibujos no son ilustraciones acabadas ni representaciones artísticas en sentido tradicional. Son, más bien, notas de campo: observaciones, ideas, soluciones constructivas, aclaraciones espaciales y hasta garabatos (aunque aquí no se demuestre). Son un registro continuo —hecho a mano— de cómo pienso y observo el mundo.
Al igual que muchos arquitectos, comencé a llevar un “sketchbook” desde mis primeros días en La Nueva Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Puerto Rico. Lo que al principio parecía una buena manera de mantenerse al día con cursos y talleres de diseño — tomar notas y dibujar soluciones básicas — constituye hasta el día de hoy una práctica invaluable. Después de graduarme, hace ya más de dos décadas, comencé a numerar mis libretas y desde entonces he acumulado más de 130. Con el tiempo, se han convertido en una bitácora paralela de mi vida profesional y personal. En ellas se mezclan viajes, obras, clases dictadas, conferencias atendidas, lecturas y conversaciones. A veces con orden, muchas otras de forma espontánea.
Lejos de perseguir la belleza del trazo, el dibujo para mí ha sido siempre una herramienta para entender la arquitectura, no solo para representarla. Como en aquellos ejercicios de primer año, sigo documentando estructuras, espacios y situaciones, ahora desde una mirada más amplia, que reconoce que somos parte de una tradición.
Dibujar me obliga a detenerme, a mirar con atención. Me permite registrar lo que cambia, lo que permanece, lo que se oculta detrás de la forma. Ya sea en una plaza de Italia, en un andamio de obra, o en una esquina de Seattle, el acto de dibujar a mano me ayuda a pensar. A lo largo del tiempo, se ha convertido en una forma de traducir el espacio, de recordar lo aprendido, y de mantener viva la relación entre la mano, la mirada y la mente.
Los dibujos aquí expuestos no responden a un encargo específico. Son, en cambio, el resultado de una práctica cotidiana —a veces rigurosa, a veces inevitable— que acompaña mi manera de estar en el mundo. Una manera de hacer arquitectura fuera del escritorio, lejos del monitor, y a través del cuerpo. Dibujar, para mí, sigue siendo la forma más directa de entender lo que veo. •













